Carmelo Jordá irrumpe en la literatura conspiranoica ayudado de un peón negro. El tema: desguazado de los trenes. El talento que se le supone merecía mejor destino, será el peaje a pagar por haber fichado en el Gara de los islamistas. Confunde trenes accidentados que, obviamente, quedan en custodia hasta conocer qué funcionó mal, con el escenario de un crimen; instrumentos, armas y efectos tampoco son el escenario de un crimen; y omite no solo la sentencia del Tribunal Supremo ante la demanda de Manos Limpias, sino que los que pudieron recuperarse todavía circulan.
Para terminar, la consigna de que se destruyeran a las 48 horas, es falsa. Una semana después del atentado los trenes estaban aquí:
domingo, 21 de marzo de 2010
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